Salmo del Día
Un Salmo bíblico diario para inspirar y mejorar tu día.
Salmo de Hoy
Aclamen alegres al Señor , habitantes de toda la tierra;
adoren al Señor con regocijo. Preséntense ante él con cánticos de júbilo.
Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo, y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado.
Entren por sus puertas con acción de gracias; vengan a sus atrios con himnos de alabanza; denle gracias, alaben su nombre.
Porque el Señor es bueno y su gran amor es eterno; su fidelidad permanece para siempre.
Salmo de Ayer
¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor ! ¡Alaben el nombre del Señor ! ¡Siervos del Señor , alábenlo,
ustedes, que permanecen en la casa del Señor , en los atrios de la casa del Dios nuestro!
Alaben al Señor , porque el Señor es bueno; canten salmos a su nombre, porque eso es agradable.
El Señor escogió a Jacob como su propiedad, a Israel como su posesión.
Yo sé que el Señor , nuestro Soberano, es más grande que todos los dioses.
El Señor hace todo lo que quiere en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos sus abismos.
Levanta las nubes desde los confines de la tierra; envía relámpagos con la lluvia y saca de sus depósitos a los vientos.
A los primogénitos de Egipto hirió de muerte, tanto a hombres como a animales.
En tu corazón mismo, oh Egipto, Dios envió señales y maravillas contra el faraón y todos sus siervos.
A muchas naciones las hirió de muerte; a reyes poderosos les quitó la vida:
a Sijón, el rey amorreo; a Og, el rey de Basán, y a todos los reyes de Canaán.
Entregó sus tierras como herencia, ¡como herencia para su pueblo Israel!
Tu nombre, Señor , es eterno; tu renombre, por todas las generaciones.
Ciertamente el Señor juzgará a su pueblo, y de sus siervos tendrá compasión.
Los ídolos de los paganos son de oro y plata, producto de manos humanas.
Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver;
tienen oídos, pero no pueden oír; ¡ni siquiera hay aliento en su boca!
Semejantes a ellos son sus hacedores y todos los que confían en ellos.
Pueblo de Israel, bendice al Señor ; descendientes de Aarón, bendigan al Señor ;
descendientes de Leví, bendigan al Señor ; los que temen al Señor , bendíganlo.
Desde Sión sea bendito el Señor , el que habita en Jerusalén. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !
Salmo de Anteayer
¡Alaba, alma mía, al Señor ! Señor mi Dios, tú eres grandioso; te has revestido de gloria y majestad.
Te cubres de luz como con un manto; extiendes los cielos como un velo.
Afirmas sobre las aguas tus altos aposentos y haces de las nubes tus carros de guerra. ¡Tú cabalgas en las alas del viento!
Haces de los vientos tus mensajeros, y de las llamas de fuego tus servidores.
Tú pusiste la tierra sobre sus cimientos, y de allí jamás se moverá;
la revestiste con el mar, y las aguas se detuvieron sobre los montes.
Pero a tu reprensión huyeron las aguas; ante el estruendo de tu voz se dieron a la fuga.
Ascendieron a los montes, descendieron a los valles, al lugar que tú les asignaste.
Pusiste una frontera que ellas no pueden cruzar; ¡jamás volverán a cubrir la tierra!
Tú haces que los manantiales viertan sus aguas en las cañadas, y que fluyan entre las montañas.
De ellas beben todas las bestias del campo; allí los asnos monteses calman su sed.
Las aves del cielo anidan junto a las aguas y cantan entre el follaje.
Desde tus altos aposentos riegas las montañas; la tierra se sacia con el fruto de tu trabajo.
Haces que crezca la hierba para el ganado, y las plantas que la gente cultiva para sacar de la tierra su alimento:
el vino que alegra el corazón, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida.
Los árboles del Señor están bien regados, los cedros del Líbano que él plantó.
Allí las aves hacen sus nidos; en los cipreses tienen su hogar las cigüeñas.
En las altas montañas están las cabras monteses, y en los escarpados peñascos tienen su madriguera los tejones.
Tú hiciste la luna, que marca las estaciones, y el sol, que sabe cuándo ocultarse.
Tú traes la oscuridad, y cae la noche, y en sus sombras se arrastran los animales del bosque.
Los leones rugen, reclamando su presa, exigiendo que Dios les dé su alimento.
Pero al salir el sol se escabullen, y vuelven a echarse en sus guaridas.
Sale entonces la gente a cumplir sus tareas, a hacer su trabajo hasta el anochecer.
¡Oh Señor , cuán numerosas son tus obras! ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría! ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!
Allí está el mar, ancho e infinito, que abunda en animales, grandes y pequeños, cuyo número es imposible conocer.
Allí navegan los barcos y se mece Leviatán, que tú creaste para jugar con él.
Todos ellos esperan de ti que a su tiempo les des su alimento.
Tú les das, y ellos recogen; abres la mano, y se colman de bienes.
Si escondes tu rostro, se aterran; si les quitas el aliento, mueren y vuelven al polvo.
Pero, si envías tu Espíritu, son creados, y así renuevas la faz de la tierra.
Que la gloria del Señor perdure eternamente; que el Señor se regocije en sus obras.
Él mira la tierra y la hace temblar; toca los montes y los hace echar humo.
Cantaré al Señor toda mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.
Quiera él agradarse de mi meditación; yo, por mi parte, me alegro en el Señor.
Que desaparezcan de la tierra los pecadores; ¡que no existan más los malvados! ¡Alaba, alma mía, al Señor ! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor !