Palabra del Día
Una palabra bíblica diaria para que recibas inspiración y para que tu día sea mejor.
Palabra de Hoy
Estableciendo una cultura de alabanza
¡Es tan bueno alabar a Dios! La alabanza es la expresión sincera de nuestro amor, gratitud y reconocimiento de la grandeza del Señor.
Cuando alabamos, nuestro corazón se conecta con el cielo, nuestra fe se fortalece y nuestra visión espiritual se expande. Alabar no es solo cantar, sino vivir de tal manera que nuestras actitudes glorifiquen a Dios en todo momento.
Establecer una cultura de alabanza comienza dentro de nosotros y se refleja en nuestros hogares, iglesias y comunidades. Es reconocer, a diario, quién es Dios por encima de las circunstancias. Cuando aprendemos a alabar en todo momento, enseñamos a nuestros hijos y hermanos que Dios sigue siendo bueno, fiel y soberano, sin importar lo que enfrentemos. La alabanza transforma el ambiente y trae paz al corazón atribulado.
Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús.
(1 Tesalonicenses 5:18)
La alabanza también es un arma espiritual poderosa. La Biblia nos muestra que cuando alabamos, se rompen cadenas, se abren puertas y el enemigo queda confundido. Cuando la iglesia alaba unida, da testimonio al mundo de la esperanza viva que tenemos en Cristo. La alabanza nos acerca a Dios y fortalece nuestras relaciones mutuas.
Establecer esa cultura requiere constancia y sinceridad. No se trata de perfección musical, sino de un corazón entregado. Alabar es elegir confiar, incluso sin comprenderlo todo. Es declarar la Palabra de Dios con alegría y fe, sabiendo que él habita en medio de las alabanzas de su pueblo.
¡Todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya!
(Salmo 150:6)
Vivamos vidas que exalten el nombre del Señor con palabras, acciones y pensamientos, cada día.
Lee también: 19 versículos sobre la importancia de alabar a Dios en todo tiempo
Palabra de Ayer
Morir un poco cada día para vivir en plenitud
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
(Romanos 6:12-14)
La lucha entre la carne y el espíritu es real y muchas veces pensamos que esa lucha se da solamente en cosas muy grandes y notables. Robar, matar, tomar drogas, adulterar, son palabras mayores, algo que no hacemos porque sabemos que ofende a Dios. Hemos muerto a esos pecados, no les permitimos reinar.
Pero, aunque amamos a Dios y queremos vivir para él, cada día luchamos con diversas actitudes que nos quieren atar y controlar. Esto puede ser por temores o experiencias del pasado. Sea por lo que sea, también necesitamos morir a esos sentimientos si queremos vivir la vida abundante y plena que Dios nos quiere dar.
Por ejemplo, si alguien nos falló en la niñez, puede que luchemos constantemente con la idea de confiar en Dios. Sabemos que debemos hacerlo, pero nos cuesta. Preferimos controlar todo y valernos por nosotros mismos sin dejarle demasiado espacio a la fe. Si tuvimos carencias materiales o emocionales en nuestros años de formación, puede que nuestra lucha sea con la idea de que Dios es el Padre amoroso que cuida de los suyos y puede suplir a todas las necesidades.
Sea lo que sea, todos tenemos luchas, pero Dios no desea que esos temores o dudas reinen en nosotros. Él nos llama a morir cada día a esas emociones que nos oprimen y a elegir recordar que hemos sido redimidos, salvados y somos amados por el Dios todopoderoso. Su gracia nos cubre y en él, somos libres de las ataduras que intentan impedirnos vivir libres por la eternidad.
Pídele a Dios que te muestre las áreas de tu vida que no le has entregado completamente. Lleva todo eso ante el Señor y elige morir a todo lo que te ata y te impide confiar en él de todo corazón. Recibe la libertad que él te quiere dar y vive para él con gozo.
Lee también: Libertad en Cristo: qué significa ser libre en la Biblia
Palabra de Anteayer
3 pilares para crecer con Jesús
¿Quieres ser más maduro y tener más intimidad con Dios? ¡Ora, lee la Biblia y asiste a las reuniones de tu iglesia!
Orar te acerca a Dios y te ayuda a poner tu confianza en él. Cuando hablas con Dios, te fortaleces en él y te mantienes atento a lo que él desea hacer en ti y por medio de ti.
Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.
(Efesios 6:18)
Ora y mantente alerta, porque Dios escucha tus oraciones y obra.
Leer la Biblia es la mejor forma de aprender lo que Dios quiere para tu vida. Al leer la Biblia, recibes orientación para tu vida y claridad sobre lo que Dios desea de ti.
Lámpara es a mis pies tu palabra
y lumbrera a mi camino.
(Salmo 119:105)
Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.
(Hebreos 4:12)
Asistir a las reuniones de la iglesia local te da la oportunidad de crecer en unión, perdón y amor con otros cristianos.
¡He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!
(Salmo 133:1)
Esos son los 3 pilares para crecer con Jesús. No descuides tu vida de oración, lee la Biblia cada día y reúnete con regularidad con tus hermanos en la fe para que puedas continuar fuerte en el Señor.
Descubre más sobre la importancia de: