Los muros de Jericó cayeron por orden de Dios al pueblo de Israel. Marcharon una vez al día alrededor de la ciudad durante seis días. En el séptimo día caminaron siete vueltas, tocaron las trompetas y gritaron.
Los muros se vinieron abajo. No fue por el grito ni por las trompetas, sino por el poder de Dios respondiendo a la fe y la obediencia del pueblo (Hebreos 11:30).
Esta historia no es solo una victoria militar. Es una demostración de lo que Dios hace cuando confiamos en él y obedecemos sus instrucciones, incluso cuando parecen extrañas.
Josué fue el líder elegido por Dios para guiar al pueblo de Israel a la tierra prometida después de la muerte de Moisés (Josué 1:1-9). Josué era un hombre de fe y valentía, conocido por su obediencia a Dios.
Antes de convertirse en líder, Josué fue uno de los doce espías enviados por Moisés a explorar Canaán. Solo él y Caleb creyeron que el pueblo de Israel podía conquistar la tierra, pues confiaban plenamente en el poder de Dios (Números 14:6-9).
Jericó era una ciudad con grandes murallas, ubicada en la región de Canaán. Dios prometió a los israelitas esa tierra como herencia (Génesis 17:8). Canaán no era una ciudad, sino una gran región habitada por varios pueblos, como los cananeos. Jericó era solo una de las ciudades dentro de Canaán.
Aunque Jericó no era toda la tierra prometida, su conquista fue un paso importante para que los israelitas comenzaran a tomar posesión de la tierra.
Cómo cayeron los muros de Jericó
Los muros de Jericó cayeron al final de un plan que parecía absurdo. Pero el plan venía de Dios, y Josué y el pueblo obedecieron cada detalle.
Jericó era conocida por sus muros tan altos, considerados impenetrables en aquella época. Las murallas eran la forma en que los habitantes mostraban su fortaleza, y representaban un gran desafío para Israel. Humanamente hablando, derribar los muros de Jericó parecía imposible.
En Josué 6, Dios dio instrucciones claras para la caída de Jericó. Eran tres pasos sencillos: marchar, tocar y gritar.
- Marchar alrededor de la ciudad: durante seis días, los israelitas debían marchar alrededor de Jericó una vez al día, en completo silencio. Los sacerdotes llevaban el arca de la alianza, y siete de ellos tocaban trompetas de cuernos de carnero (Josué 6:3-4).
- En el séptimo día: marcharon alrededor de la ciudad siete veces. Después de la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron las trompetas y todo el pueblo gritó con fuerza (Josué 6:15-16).
- La caída de la muralla: cuando el pueblo gritó, la muralla se vino abajo, y los israelitas entraron y conquistaron la ciudad (Josué 6:20-21).
Los muros de Jericó no cayeron por el sonido de las trompetas ni por el grito del pueblo. Cayeron por el poder de Dios respondiendo a la fe y la obediencia de los israelitas (Hebreos 11:30). La victoria viene de Dios, no de la habilidad humana.
La caída de los muros de Jericó es un recordatorio poderoso de lo que Dios puede hacer por quienes confían en él y siguen sus instrucciones.
Así como Josué y el pueblo de Israel enfrentaron un desafío aparentemente imposible y vencieron, también nosotros podemos superar los «muros» en nuestras vidas cuando confiamos en el poder de Dios. Que esta historia inspire nuestra fe y nos motive a obedecer a Dios en todas las circunstancias.
Lecciones que aprendemos de la caída de los muros de Jericó
La historia de la caída de los muros de Jericó nos enseña a confiar en Dios incluso cuando sus instrucciones parecen extrañas. La fe de Josué y del pueblo fue recompensada con una victoria milagrosa.
¡Dios cumple sus promesas! La conquista de Jericó fue una prueba de que Dios estaba cumpliendo la promesa hecha a Abraham, Isaac y Jacob de dar la tierra prometida al pueblo de Israel.
¡Dios cumple sus promesas! La conquista de Jericó fue una prueba de que Dios estaba cumpliendo la promesa hecha a Abraham, Isaac y Jacob de dar la tierra prometida al pueblo de Israel.
Esta historia también nos enseña que, incluso ante desafíos gigantescos, podemos confiar en que Dios tiene el poder de hacer lo imposible. La caída de los muros de Jericó no fue resultado del esfuerzo humano. Fue el poder de Dios respondiendo a la fe y la obediencia de Josué y del pueblo.
Cuando seguimos las orientaciones de Dios con confianza, podemos ver su fidelidad en nuestras vidas y ser testigos de su acción poderosa.
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