La curación y resurrección de la hija de Jairo, que encontramos en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, es un poderoso ejemplo de fe y de la compasión de Jesús. En esta historia, Jesús respondió a la petición desesperada de un padre que tenía fe en que él podía salvar a su hija que estaba al borde de la muerte. Al atender esta súplica con prontitud y devolverle la vida a la niña, Jesús reveló su amor y su poder sobre la muerte.
Jairo era un líder de la sinagoga, una posición de autoridad y respeto en la comunidad judía. Él era responsable de la organización y el funcionamiento de la sinagoga, siendo un hombre de fe y de gran influencia. A pesar de su posición, Jairo buscó a Jesús en un momento de desesperación debido a la grave enfermedad de su hija.
La Biblia no nos dice el nombre de la hija de Jairo, pero sabemos que tenía doce años (Lucas 8:42). La joven estaba muy enferma, al borde de la muerte. No se menciona cuál era su enfermedad, solo se describe su condición grave y la urgencia de la petición de su padre.
La petición de Jairo, un padre desesperado
Cuando Jairo encontró a Jesús, le suplicó que fuera a su casa y sanara a su hija. Se arrodilló y pidió ayuda, demostrando una gran fe y humildad. “Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.” (Marcos 5:23).
Jesús lo acompañó de inmediato. Sin embargo, en el camino, Jesús fue interrumpido por la curación de una mujer que sufría de un flujo de sangre desde hacía doce años. Ella tocó el manto de Jesús y obtuvo su sanidad. Esta breve interrupción —aunque milagrosa— debió de ser angustiante para Jairo, ya que su hijita estaba en estado crítico.
Mientras Jesús y Jairo iban de camino hacia su casa, llegaron mensajeros informando que la niña había fallecido y que ya no tenía sentido molestar a Jesús. No obstante, Jesús respondió con palabras de aliento: “No temas; cree solamente, y será salva.” (Lucas 8:50). Al llegar a la casa de Jairo, encontraron a personas llorando la muerte de la niña. Entonces Jesús dijo: “No lloren, que no está muerta, sino dormida.” (Lucas 8:52).
Jesús entró en la habitación solo con Pedro, Santiago, Juan y los padres de la niña. Tomándola de la mano, le dijo: “¡Talita cumi!», es decir, «A ti, niña, te digo: ¡levántate!»” (Marcos 5:41). De inmediato, la niña se levantó, para asombro de todos.
Jesús pidió a los presentes que no contaran el milagro a nadie. Esta petición pudo deberse a que Jesús no quería que la gente lo siguiera solo por los milagros, sino por la fe.
La historia de la curación de la hija de Jairo nos enseña sobre la importancia de la fe, incluso en situaciones que parecen imposibles. Jairo confió en Jesús, incluso después de recibir la noticia de la muerte de su hija. Este milagro nos recuerda que Jesús tiene poder sobre la vida y la muerte y que, con fe, podemos confiar en él en cualquier circunstancia.
Reflexión y lecciones sobre la curación de la hija de Jairo
La historia de la curación y resurrección de la hija de Jairo nos enseña importantes lecciones sobre la fe y la confianza en Jesús. Jairo era un líder respetado, pero ante el sufrimiento de su hija, reconoció su necesidad de Jesús. No dudó en buscar al Maestro y pedir ayuda, mostrando una humildad que muchas veces falta en las personas con autoridad.
No permitas que tu posición o tu orgullo te impidan buscar a Jesús cuando lo necesites. Independientemente de nuestra condición o estatus, todos necesitamos de Jesús.
La fe de Jairo no evitó que pasara por el sufrimiento, pero le dio la fuerza para buscar a Jesús y creer, incluso ante noticias desalentadoras. Cuando los mensajeros le dijeron que su hija había muerto, Jesús lo animó: “No temas; cree solamente”. Estas palabras de Jesús nos muestran que la fe es confiar en él, aun cuando todo parece perdido.
Otra lección importante es que la fe no siempre garantiza una respuesta inmediata, pero sí la certeza de que Dios está con nosotros. En el camino a la casa de Jairo, Jesús se detuvo para sanar a otra mujer, lo que pudo haber desanimado a Jairo. Sin embargo, él permaneció al lado de Jesús. Esto nos enseña a no perder la esperanza cuando las respuestas parecen tardar, sino a mantener nuestra confianza.
El milagro nos recuerda que Jesús tiene poder sobre la vida y la muerte. Así como hizo Jairo, debemos buscar a Jesús y confiar en él, sabiendo que tiene lo mejor para nosotros. Crecemos en la fe cuando nos entregamos a Jesús con humildad y perseverancia, creyendo que él es fiel para sostenernos en cualquier situación.
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